Jefe de Redacción
En toda época el hombre se aferró a sus sueños para construir su futuro y tener un acicate para enfrentar la vida cotidiana. En ese trayecto, necesita siempre de un elemento valioso para elaborar cada sueño y darle forma: es a través de la palabra que se entretejen las ideas y anhelos en un feliz encuentro. Pero hoy, muchas veces, las intenciones quedan a mitad de camino, se entretienen con fuegos de artificio lanzados por la cultura de la imagen que le presenta batalla en cada rincón al buen decir.
En ese terreno, la televisión ha ganado audiencias para hacerlos cautivos de nuevos códigos en donde el espectáculo prevalece por sobre la palabra, en el que se corre el velo de la vida privada para atascar las miradas con siluetas que se mueven casi sin sentido. Allí, ya no importa lo que se dice sino lo que se hace por un punto más de rating.
Cuánto cuesta captar la atención de los diferentes públicos en un tiempo que la gente migra de la TV a la PC y que va de las redes sociales para ver un reality show. Desde el tobogán televisivo caen los lectores al mismo tiempo que se reducen las ventas de diarios, ámbito natural para informarse, pues allí es donde se les da un mayor desarrollo y profundización a las noticias. Hoy ya es una tendencia mundial, la gente se informa a través de los noticieros televisivos y no lee los diarios.
Sin embargo, cuando se daba la guerra por perdida aparece el fenómeno de las redes sociales para repatriar el valor de la palabra y darle un espacio para que se explaye. Desde los blogs y páginas web muchos jóvenes y adultos encontraron un medio para viabilizar sus inquietudes, recuperando, aun sin saberlo, el llamado periodismo independiente. Los blogs hechos por periodistas tienen su propio peso específico, porque no deben responder a una línea editorial impuesta por intereses económicos o políticos. Desde esas trincheras digitales se lucha por otro atributo maltratado que suele darle sentido a las palabras: la credibilidad. Sin ella, todo parece pasar de largo, así nada importa más que los números y los estrellatos mediáticos.
La mayor contienda que se libra hoy en todos los ámbitos es la de ser creíble, algo que se nota más en plena campaña electoral.
La palabra es el único instrumento que contamos para darle contenido al pensar, para ser vehículo privilegiado en el hablar y convertirla en un arma filosa en el escribir. Siempre la palabra adquiere algún valor, unas veces para arengar, otras para instruir e informar, o para persuadir desde una retórica preparada.
También, lamentablemente, se utiliza para mentir y disfrazar las verdaderas intenciones e intereses a las que apunta.
