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lunes, 28 de noviembre de 2011

Al fondo a la derecha

Por María Luisa Estiz


Luego de que el presidente del partido francés Frente Nacional, Jean Marie Le Pen, fuera condenado en 1987 por afirmar que las cámaras de gas, espacios para las matanzas de millones de judíos, fueran simplemente un "detalle de la historia", la memoria del país galo vuelve a esfumarse al elegir a su hija, Marine Le Pen, promotora de las tendencias ultraderechistas de su padre, como la favorita por la clase obrera para ser la nueva presidenta de la República. 

Según las encuestas, Nicolás Sarkozy, actual y controvertido presidente de Francia y su ex principal contrincante Dominique Strauss-Kahn (ahora envuelto en el escándalo de abuso sexual) sólo alcanzaron un cincuenta por ciento de la popularidad de Le Pen y son ciertamente sorprendentes estos resultados, sobre todo teniendo en cuenta que las clases sociales menos agraciadas por la economía votaban año tras año al comunismo, ideología más representativa de los trabajadores.

Por supuesto que estos cambios ideológicos no se dan de la noche a la mañana. Ya en el año 2002, Jean Marie Le Pen había conquistado el apoyo de la clase baja, cuando en una primera vuelta consiguió derrotar a Lionel Jospin, candidato socialista.

La pregunta inevitable y que probablemente tenga como respuesta una compleja gama de contradicciones es: ¿qué lleva a la población obrera a inclinarse hacia un movimiento de extrema derecha? o mejor dicho, ¿qué impulsa a un continente a retomar los viejos y probadamente intolerantes valores nacionalistas.
 
El perfil de Marine Le Pen

Intentando generar una mirada renovada hacia su partido, esta abogada y política francesa de cuarenta y dos años, tiene como objetivo principal, convertirse en la presidenta de su país para el año siguiente.
Una de las primeras medidas que tomó para modificar la imagen fascista del Frente Nacional, fue despedir a Alexandre Gabriac, miembro del mismo, por realizar en público el saludo nazi, que tanta memoria emotiva (negativa) genera en todo el mundo y sobre todo en Europa.


 
Pero, ¿será posible declararse en contra de una política nacionalsocialista cuando se tiene, no sólo un historial de intolerancia en la trayectoria de su partido, sino un accionar presente de xenofobia y marginación racial e inmigratoria? 


Según Pascal Perrineau, experto en extrema derecha y director del Centro de Investigaciones Políticas de Sciencies Po, Marine Le Pen apunta a fortalecer su postura, utilizando como discurso los puntos débiles en la actual política francesa: la crisis económica que sufre el país, el incumplimiento político de Sarkozy y posterior desencantamiento de los ciudadanos y los acuerdos privados entre la ex ministra de Asuntos Exteriores, Michèlle Alliot-Marie o del primer ministro, François Fillon, quienes gozaron de vacaciones financiadas por altos dictadores árabes de Túnez y Egipto respectivamente.

Con intenciones de atraer a la clase social menos agraciada, Marine Le Pen intenta poner el foco de su propuesta en el desengaño sufrido por las promesas de una economía en decadencia y en los supuestos peligros que la inmigración árabe puede provocarle al país.

Una mano de obra más económica y los posibles riesgos de convivir con estos ciudadanos de “segunda”, son los principales puntos de ataques de la rubia candidata, quien con un estilo joven, moderno, aunque sagaz y mediático, intenta transformar el perfil fascista del partido que preside, por una más accesible a los ojos de un espectador deseoso de recuperar su identidad y sobre todo, de ver estabilizada su economía.



Ya sabemos entonces, qué dicen las encuestas acerca de la inclinación política de la clase baja y hasta podríamos llegar a comprender (colocándonos en su lugar) el porqué de su predisposición al menos para estas elecciones. Pero aún Marine Le Pen deberá probar que podrá llevar a cabo promesas que parecen imposibles de abarcar como por ejemplo, salir del euro y es muy probable que necesite apelar a otros recursos y proyectos que enriquezcan sus palabras con verdaderos cambios políticos. No alcanza con levantar el dedo una y otra vez contra el mundo árabe. No se puede mezclar en una misma bolsa a un dictador, a un terrorista y a un inmigrante.

Si la historia tiende a ser cíclica, la del Frente Nacional no debería olvidarse.



 
ALARMANTE CUADRO DE LOS PRINCIPALES PAÍSES EUROPEOS CON UNA CRECIENTE ULTRADERECHISTA Y SUS RESPECTIVOS PARTIDOS POLÍTICOS QUE SOSTIENEN DICHA IDEOLOGÍA


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