Luego de que el presidente del partido francés Frente
Nacional, Jean Marie Le Pen, fuera condenado en 1987 por afirmar que las cámaras
de gas, espacios para las matanzas de millones de judíos, fueran simplemente un
"detalle de la historia", la memoria del país galo vuelve a esfumarse
al elegir a su hija, Marine Le Pen, promotora de las tendencias ultraderechistas
de su padre, como la favorita por la clase obrera para ser la nueva presidenta
de la República.
Según las encuestas, Nicolás Sarkozy, actual y controvertido
presidente de Francia y su ex principal contrincante Dominique Strauss-Kahn (ahora
envuelto en el escándalo de abuso sexual) sólo alcanzaron un cincuenta por ciento
de la popularidad de Le Pen y son ciertamente sorprendentes estos resultados,
sobre todo teniendo en cuenta que las clases sociales menos agraciadas por la
economía votaban año tras año al comunismo, ideología más representativa de los
trabajadores.
Por
supuesto que estos cambios ideológicos no se dan de la noche a la mañana. Ya en
el año 2002, Jean Marie Le Pen había conquistado el apoyo de la clase baja,
cuando en una primera vuelta consiguió derrotar a Lionel Jospin, candidato
socialista.
La
pregunta inevitable y que probablemente tenga como respuesta una compleja gama
de contradicciones es: ¿qué lleva a la población obrera a inclinarse hacia un
movimiento de extrema derecha? o mejor dicho, ¿qué impulsa a un continente a
retomar los viejos y probadamente intolerantes valores nacionalistas.
El
perfil de Marine Le Pen
Intentando
generar una mirada renovada hacia su partido, esta abogada y política francesa de
cuarenta y dos años, tiene como objetivo principal, convertirse en la
presidenta de su país para el año siguiente.
Una
de las primeras medidas que tomó para modificar la imagen fascista del Frente
Nacional, fue despedir a Alexandre Gabriac, miembro del mismo, por realizar en
público el saludo nazi, que tanta memoria emotiva (negativa) genera en todo el
mundo y sobre todo en Europa.
Pero,
¿será posible declararse en contra de una política nacionalsocialista cuando se
tiene, no sólo un historial de intolerancia en la trayectoria de su partido,
sino un accionar presente de xenofobia y marginación racial e inmigratoria?
Según
Pascal Perrineau, experto en extrema derecha y director del Centro de
Investigaciones Políticas de Sciencies Po, Marine Le Pen apunta a fortalecer su
postura, utilizando como discurso los puntos débiles en la actual política
francesa: la crisis económica que sufre el país, el incumplimiento político de
Sarkozy y posterior desencantamiento de los ciudadanos y los acuerdos privados
entre la ex ministra de Asuntos Exteriores, Michèlle Alliot-Marie o del primer
ministro, François Fillon, quienes gozaron de vacaciones financiadas por altos dictadores
árabes de Túnez y Egipto respectivamente.
Con
intenciones de atraer a la clase social menos agraciada, Marine Le Pen intenta
poner el foco de su propuesta en el desengaño sufrido por las promesas de una
economía en decadencia y en los supuestos peligros que la inmigración árabe
puede provocarle al país.
Una
mano de obra más económica y los posibles riesgos de convivir con estos
ciudadanos de “segunda”, son los principales puntos de ataques de la rubia
candidata, quien con un estilo joven, moderno, aunque sagaz y mediático,
intenta transformar el perfil fascista del partido que preside, por una más accesible
a los ojos de un espectador deseoso de recuperar su identidad y sobre todo, de
ver estabilizada su economía.
Ya
sabemos entonces, qué dicen las encuestas acerca de la inclinación política de
la clase baja y hasta podríamos llegar a comprender (colocándonos en su lugar)
el porqué de su predisposición al menos para estas elecciones. Pero aún Marine
Le Pen deberá probar que podrá llevar a cabo promesas que parecen imposibles de
abarcar como por ejemplo, salir del euro y es muy probable que necesite apelar
a otros recursos y proyectos que enriquezcan sus palabras con verdaderos
cambios políticos. No alcanza con levantar el dedo una y otra vez contra el
mundo árabe. No se puede mezclar en una misma bolsa a un dictador, a un terrorista
y a un inmigrante.
Si
la historia tiende a ser cíclica, la del Frente Nacional no debería olvidarse.
ALARMANTE CUADRO DE LOS PRINCIPALES
PAÍSES EUROPEOS CON UNA CRECIENTE ULTRADERECHISTA Y SUS RESPECTIVOS PARTIDOS
POLÍTICOS QUE SOSTIENEN DICHA IDEOLOGÍA



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