En
nuestro país son tema de opinión pública muchas cuestiones relacionadas a la
vida y la dignidad humana. Uno de ellos es la eutanasia o, como su etimología
lo indica, la buena muerte.
La
medicalización de la muerte está en el ojo de la tormenta ya que la primera
pregunta que surge es: ¿está bien quitarse la vida o pedir a otro que lo haga
en caso de estado de gravedad? Podemos dar muchas respuestas al respecto desde
distintos puntos: morales, religiosos, sociales, etc.
Sin
embargo, quien no queda ajena a la problemática es la medicina. Los avances
tecnológicos hacen que la esperanza de vida del ser humano sea cada vez mayor
pero, a la vez, debe aplicarse en ocasiones de vida o muerte. Pero cuando es la
muerte la que se busca a través de la medicina, la cuestión se torna más
compleja y las decisiones éticas también entran en crisis.
De
estas cuestiones se encargan quienes logran entablar un diálogo entre la
biología y la ética, es donde interviene la bioética, que es “una reflexión
sistemática, cuestionadora y crítica sobre los problemas morales que surgen en
el campo de la ciencia biológica y la medicina”.
Las cuestiones de las que se ocupa la bioética
son diversas, desde las planteadas por la crisis ecológica hasta la investigación
con animales, pasando por decisiones sobre muerte, asistencia de la fertilidad,
investigaciones farmacológicas y relación médico paciente.
“El
Estado como poder se adueña del individuo y lo diseña a su necesidad. Digita
cómo y cuándo nace y como muere, se apropia del diseño genético y
definitivamente avanza sobre la bioética ya
que dispone de leyes generales para soluciones que deberían ser individuales.
(…) Entonces este Estado-Soberano decide ya no quien puede vivir y quien debe
morir, sino que nos empuja a elegir quien debe
vivir y quien puede morir”, sostiene el doctor Pablo Vadori, Consejero por
Pilar de la comisión de Bioética del Distrito V de la Federación Médica de la Provincia
de Buenos Aires.
“Cuándo un paciente manifiesta el deseo de no seguir viviendo, lo que
nos está diciendo en realidad es que ya no quiere vivir como lo está haciendo.
La pregunta que debemos hacernos es si estamos en condiciones de mejorar su
condición, sea a través de tratamientos curativos o de medicina paliativa. Si
no podemos ¿Cuál es el camino a recorrer?”, reflexiona Vadori.
Los médicos también están en un dilema ético y profesional y, tal como
agrega el Dr. Vadori, “supongamos en un acto de imaginación superlativa que se
sancionara la ley que hoy parecería tener consenso y un médico “desenchufara” a
un paciente con estas características, ¿Cuánto tardarían las entidades
confesionales ultraconservadoras en denunciarlo por asesinato?”
Hay que tener en cuenta en todos los casos de pedido de una muerte
dulce, digna y deseada por el paciente. Primero, si se dañaría a alguien más
que la persona que solicita el homicidio
médico, si es equitativo para la distribución del gasto en salud pública
utilizar mil cuatrocientos pesos diarios en mantener una ficción de vida, y el
respeto a la
autonomía de la persona, o los padres o tutores, persistiendo en la
obstinamiento terapéutico, que en el punto en que nos hallamos ya se trasformó
en encarnizamiento terapéutico.


No hay comentarios:
Publicar un comentario